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Lugar: Buenos Aires, Argentina

Historiadora. Ensayista. Periodista. Docente. Directora de las Revistas: "Galaxia Porteña" y "Opus Tango". - Miembro fundador de la "Peña de Historia del Sur”, de “GABA Historia y cultura" Presidenta de "Opus Tango, Cultura y Urbanismo". AUTORA DE LOS LIBROS: *"Influencias recíprocas, Estados Unidos-Argentina"; * "Estados Unidos y el Proyecto educativo de Sarmiento"; * "Cartas de Manuelita"; * "El año 36 en Boedo"; * "Boedo, Cultura y Sociedad"; * "Amor y desesperanza. Análisis de “los Textos eróticos del Río de la Plata” de Lehmann Nitsche"; * "Colletorto – Chivilcoy, éxodo y reconstrucción"; * "Porteñadas y lunfardías"

domingo, septiembre 16, 2012

Tarde de lluvia


Seguí con lo que hacía como si nada.
Me recliné sobre la pila de diarios antiguos, mientras los ojeaba el polvillo acumulado se embarraba en el aire espeso. Había estado lloviendo mansamente todo el día.
Repitió la pregunta, fui hasta la ventana abierta, los autos tapizaban la avenida.
-Dejó de llover- dije.
Se enfureció, apretó los puños y me odió.
Recogí unos papeles desparramados por el piso.
Exigió respuesta. La callé.
Su paciencia se colmó, acercándose al escritorio dio un golpe y se marchó.
Vi como la carta saltaba al alfeizar para precipitarse al vacío. Aunque me acerqué a la ventana a rescatarla fue inútil. Planeaba entre las estelas de aire caliente.
Ya casi llegaba a tierra cuando lo vi a él. Fue inmediato, el papel perdió gracia sobre las baldosas y su pie lo hundió en un charco.
Siguió su camino.
Era la última carta de amor.

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1 Comments:

Blogger Alberto said...

Después de un cuarto de vida, vuelvo a revisar páginas polvorientas, no de tierra terrestre sino de polvo de estrellas. Sigo admirando a los admirables y sigo envidiando a los envidiables. Mi tinta se quedó en el tintero, los anhelos en anhelos. El agua pasó bajo el puente y ya es hielo en algún antártico pozo azul sin fondo. Descargo mi ira dormida en el lecho de los injustos, bebo el agua turbia, soy el pasto de las fieras, la carne del cañón, la masa sin cantera. Pero acá estóy, haciendo como que vivo. Leo tu verbo y creo que es divino. Coincido como sabrás, que aunque demoníaco para muchos para nosotros el internet puede ser providencial. Y no solo para los que están en las antípodas, podemos encontrar antípodas mucho más cercanas, rodeadas por una avenida ancha y complicada para transitar, como la General Paz. Nosotros, los que en el interior morimos, nos entregamos a ti, Oh, Roma. Y a las pruebas me remito. Décadas atrás, Una, más exactamente, dos personas que creían ser un poco viejas, se encontraron en el aire. Sin caer, se abrazaron, planearon, se elevaron, se aplaudieron y acariciaron. Recorrieron mundos cercanos y lejanos, épocas y dimensiones. Y todo desde un teclado. Viajaste a Bialet, Viajé a Buenos Aires, Viajamos al Arroyo del Medio cuando solo existían carretas con bueyes. Visitamos desvanes, revisamos arcones, nos ensuciamos con el polvo de la historia. Nos abrazamos, nos miramos, nos disfrutamos en un pueblo sin nombre, en alguna llanura verde y amarilla, que ningún buscador electrónico o satélite espía encontrará nunca. Con la complicidad de una anciana de cabello atado, que siempre dejaba sábanas limpias con aroma a lavanda, pero de la planta misma y no de botellas plásticas. Y todo ello desde un teclado. Cantamos tangos, milongas, tocamos pianos y bandoneones, pisamos empedrados sucios, flamantes balcones, huimos a la madrugada hacia destinos inciertos. Y todo, absolutamente todo desde un teclado. Te imaginé como quise, te adoré de callado, sabiendo con certeza que el viaje lluvioso, la espera en la tormenta, el cristal empañando, nunca ocurriría, solo dormiría en mi teclado. Que bueno es hallarte, cada tanto, cada cuarto de siglo, cada decenio, cada lustro, cuando el tiempo lo quiera o nos empuja la angustia. Desde acá cerca, a la vuelta de la patria, te saludo amiga y siempre te espero, como dicen tus palabras en un comentario. Alberto.

9:57 a. m.  

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